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martes, 23 de junio de 2015

HISTORIAS DE LA HISTORIA: EXCUSAS EGIPCIAS PARA NO IR A TRABAJAR

Hace un tiempo que conocía una página que me enamoró. 
HISTORIAS DE LA HISTORIA


En ella se plantea la Historia de una manera diferente. 
Completamente cierta, nada inventado, con documentos que prueban que lo que cuentan es verdad pero otra manera muy distinta de conocer nuestro pasado.
Por ello quiero hacer un homenaje con uno de sus artículos que me resultan más curiosos.
Este, en especial, está dedicado a los trabajadores de las pirámides.
Si, las justificaciones para no ir a trabajar en la construcción de un templo, las pirámides o las grandes construcciones faraónicas (porque era trabajadores asalariados y no esclavos) tenían que presentarse oficialmente ante el capataz.
Básicamente como cuando ahora vas a faltar al trabajo y tienes que pasar por el médico de cabecera para que te haga un justificante por que si no pueden despedirte.
Se apuntaba todo en los papiros: huelgas, contabilidad, accidentes, sueldos y... escusas para no ir a trabajar.
Algunas de estas justificaciones para no ir al trabajo eran tan variopintas como:
  • Embalsamar a un ser querido
  • Picadura de animales venenosos como serpientes o escorpiones
  • Resaca
  • Tener que fabricar cerveza para una fiesta
  • Tener lesiones por haber recibido una paliza de su mujer...
Os dejo el link al artículo para que podáis leerlo con más calma y encontrar otros grandes artículos en la página.

Cotillead y veréis que la Historia es mucho más interesante y divertida de lo que en un principio de cree.

lunes, 10 de marzo de 2014

LA MADRE

Con motivo de la celebración mundial del día de la mujer, y por petición personal, este post va dedicado a la figura arquetípica de La Madre.
Es muy probable que fuera, desde mi punto de vista, una de las primeras (si no la primera) manifestación simbólica del pensamiento humano en su impulso por entender el mundo que lo rodeaba, y el origen de los primeros cultos religiosos.
La naturaleza, el nacimiento, la maternidad, la sensación de protección… todos son aspectos que se aúnan en esta figura y que representa a la mujer y más a la figura de la Madre. 
Ella es aquella que da la vida, es el centro del clan y sin la cual la familia y, por lo tanto, la supervivencia del grupo es imposible.

Dice Jung que Madre es:
Lo «maternal» por antonomasia, la mágica autoridad de lo femenino; la sabiduría y la altura espiritual más allá del intelecto; lo bondadoso, protector, sustentador, lo que da crecimiento, fertilidad y alimento; el lugar de la transformación mágica, del renacer; el instinto o impulso que ayuda; lo secreto, escondido, lo tenebroso, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo angustioso e inevitable.
Todo esto se plasma en una figura que hemos ido observando desde el principio de los tiempos y que se ha repetido en todas las épocas, en cada una de las culturas y que actualmente se sigue adorando de formas más o menos velada.

La gran Diosa, la Pachamama, Potnia, Gaia, Gea... podemos encontrar mil nombres que representan la misma idea, la imagen de La Diosa Madre.
Centrándonos ya en los ejemplos, imagino que se os habrán venido varios a la cabeza: 
Las venus paleolíticas que representan a la tierra y la fertilidad de la mujer, por ejemplo, pero hay muchas otras representaciones que hay que relacionar y que han ido cambiando de forma a lo largo del tiempo y de las culturas.

Una forma muy típica de encontrar la representación de la Madre en las culturas es como una mujer entronizada con un bebé en brazos, a sus pies o en su regazo. Puede tener un pecho fuera para alimentarle o bien para enfatizar su función como alimento para el mundo y las nuevas generaciones.
Estos ejemplos los contemplamos en figuras como la Isis egipcia (que de hecho, su traducción  del egipcio sería “el trono”), en Gea titánide de la Tierra y madre de los dioses olímpicos o, en Démeter que cuida los campos y crea las estaciones de las cosechas, en la diosa nórdica Frigg, en Anann o Danu en la cultura irlandesa, la Virgen María en el cristianismo, en Durga y Kali en el hinduismo y el shaktismo.





Quizá os sorprenda ver que Kali, la diosa que siempre se identifica con muerte, sangre y destrucción por nosotros los occidentales es una diosa madre dentro del shaktismo pues, a pesar de ser destructora, lo que elimina es el mal que puede herir a los suyos. 
En el pensamiento hindú no puede haber creación y vida sin destrucción y muerte y por lo tanto adquieren la misma importancia. 
La mejor manera de calmar a la diosa es o por sacrificios de sangre o si su consorte Shiva (que cuando se le representa en la iconografía con ella el se encuentra acostado con ella en posición de haberlo derrotado) le ofrece un bebe que llora y ella dejará todo para poder calmarlo.


Como ya hemos explicado, la Madre es una fuente de creación, protección y vida, pero al igual que la Tierra, puede se mediadora y crear el equilibrio, o bien ser la fuente de la destrucción como lo son los volcanes o los diluvios.

La vida y la muerte no pueden separarse y la Madre tiene el poder de dar o quitar ese don cuando ella lo considere.

lunes, 27 de enero de 2014

El Origen del Mundo (parte 2)

En este post seguimos con diferentes mitos en distintas culturas que explican su visión de la cosmogonía.  Con anterioridad tratamos la cultura mesopotámica, la nórdica y la greco-romana; en esta ocasión las religiones escogidas son la judeocristiana, la egipcia y la hindú.


Mitología judeocristiana
En este ejemplo vamos a usar de base El Génesis “oficial”, aunque es muy probable con posterioridad hagamos mención a los textos apócrifos y otros relatos menos conocidos que fueron descartados con posterioridad y que no han sido casi difundidos.
Según el libro de El Génesis, al principio no había nada y en esa nada estaba Dios que decidió que no estaba bien así. De esta manera, en el primer día creó la tierra y en cielo, pero al ser algo informe oscuro y vacio, vio la necesidad de crear por medio del poder de la palabra  la luz. 
Por medio de ello separó la parte luminosa de las tinieblas, llamando a la primera Día y a su contrario Noche. A continuación, creó la bóveda celeste, el mar y la tierra, y a ésta la dotó de vegetación para que fuera bella y fértil. Creó al día siguiente el firmamento para separar las aguas y la tierra de la bóveda y colocó dos luces distintas mucho más grandes que el resto, una para el día y otra para la noche que serían el Sol y la Luna. También creó las estrellas y con ellas iluminó un poco más las tinieblas.
A continuación pobló los mares de peces, la tierra de otros seres y el cielo con las aves a los cuales luego insufló de vida para que disfrutaran de su creación.  Al final, creó al hombre “a su imagen y semejanza” al hombre. Toda esta obra, la había realizado Yahvé en seis días y el séptimo descansó, declarando desde ese momento que el séptimo día de la semana había de ser sagrado.





Mitología egipcia
En la mitología egipcia se han encontrado varios mitos que corresponden a su concepción de cómo fue creado el mundo y la humanidad, por lo que aquí vamos a relatar uno de ellos, el mito Heliopolitano, aunque podéis encontrar distintas versiones del mismo.
Todo empieza, como en la mitología mesopotámica, de un abismo con aguas turbulentas que son el origen de la vida, estas aguas eran el Nun, Padre de los dioses, ancestro de todo lo que iba a ser a partir de ese momento hasta el fin del mundo.
La doctrina de los sacerdotes de la ciudad de Heliópolis, o Iwnw en egipcio antiguo, predicaba que en el origen de los tiempos había un océano primordial llamado Nun. En éste se encontraba inerte Atum (o Atum-Re), el demiurgo y padre de todo que era un ser que no pertenecía al Nun y del que se desconoce su origen. 
De las aguas del Nun surgió una montaña sagrada a la que Atum se encaramó y desde allí a base de su saliva y se su semen, escupiendo y masturbándose, creó la primera de la pareja de dioses: el dios Shu que simboliza el aire y Tefnut la diosa de la humedad y el ambiente atmosférico.
De estos primeros padres divinos nacerían Geb, dios de la tierra, y su hermana Nut, divinidad del cielo con su cuerpo cubierto de estrellas.  Juntos tuvieron cuatro hijos que se convertirían en los grandes dioses del panteón egipcio: Osiris e Isis y Seth y Neftis. 
De estos nueve dioses se conforma la Enéada Heliopolitana. 
Al final Shu decidió ponerse entre sus dos hijos para que no volvieran a juntarse ya que si el cielo y la tierra estaban juntos nada crecería entre ellos.




Mitología hindú
Dentro del mundo del hinduismo encontramos, como en casi todas las mitologías antiguas, varias versiones de la cosmogonía. En esta ocasión he decidido reflejar aquí la narración ofrecida en el Shatapatha Brahmana que data de la primera mitad del primer milenio a.C.
El Shatapatha Brahmana nos dice que en el principio, Prajapati, el primer creador o padre de todos, estaba solo en el mundo, por lo que debido a su sentimiento de soledad comenzó a llorar y del fruto de sus lágrimas fueron surgiendo la tierra, el océano, el aire y el cielo. Decidió dividirse en dos seres, marido y mujer, al mismo tiempo que creó la noche y el día, y las estaciones.
Fruto del incesto con la mujer nacerán el resto de los primeros dioses.
La mujer, debido a la unión con su productor como el incesto, huyó de él asumiendo diversos disfraces de animales. El marido persiguió en forma de macho de cada animal, y de esta manera surgieron las diversas especies de animales que ahora pueblan la tierra.
Los dioses no recibían suficientes sacrificios, por lo que Prajapati decidió darse de comer a sus propios hijos para que los dioses sobrevivieran y que todo lo que había construido no se viera abocado a la destrucción.
Después de esto, cada divinidad da un poco de sí mismo y vuelven a crear al que era su padre, ahora como hijo de todos.
Prajapati pronto fue sustituido por Brahma en los Puranas.
En los Puranas, Brahma el creador se unió en una tríada divina con Vishnu y Shiva, que eran el preservador y destructor, respectivamente. El universo fue creado por Brahma, preservados por Vishnu y destruidos para la próxima creación por Shiva. Sin embargo, el nacimiento de Brahma se atribuyó a Vishnu en algunos mitos. Brahma se representa a menudo como sentado en un loto que surge del ombligo de Vishnu, que descansaba sobre la serpiente cósmica, Ananta.