El otro día descubrí un artículo hilarante sobre la nueva película de Ridley Scott en la que se narra el pasaje del Éxodo bíblico del pueblo judío de Egipto referido en el Antiguo Testamento: EXODUS
Yo no la he visto, y no creo que vaya a ir al cine a verla, si os soy sincera, pero este director es uno de mis favoritos. No sé si su intención ha sido "historizar" este mito o no, pero si es lo primero parece ser que ha metido la pata hasta el fondo. Cuando un director hace maravillas como Gladiator me hace sospechar que no ha sido su idea principal contarlo como si hubiera pasado realmente, o en esta versión parece que no habría hecho ningún caso de sus asesores históricos, lo que es raro en él. Seguramente sea una película con unos efectos visuales espectaculares y en esta ocasión las plagas y partir el Mar Rojo en dos haga que la gente alucine de verdad, pero personalmente me cuesta ver a un príncipe de Egipto con barba antes de saber que es judío, o pirámides a los dos lados del Nilo, así para empezar. Armaduras de hierro antes de la aparición de los hititas, lino negro, pirámides a medio construir en época de Ramses II... Mejor os dejo la crítica de esta mujer, que hace que se te salten las lágrimas de la risa y no de la desesperación venida desde un historiador en la que acabaría yo con esta cara si me lo tomara en serio.
Estamos en
una fecha que para los cristianos es una de las celebraciones más destacadas y
cargadas de significado dentro de su calendario: La Semana Santa, la Pascua, Ostara.
En estos
días se celebra el martirio, la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret
dentro del mundo católico. Hasta ahí creo que todos, quien más, quien menos
conocemos la historia, aunque sólo sea porque por estas fechas nos llenan la
televisión de películas de peplum y bíblicas.
Ahora bien, ¿Cuánto
sabemos realmente de esta celebración, sus orígenes y su razón de ser más allá
del punto religioso que se nos ha transmitido?
Hasta el
siglo IV, las fechas para las celebraciones cristianas no se habían establecido
en un calendario que facilitara a los practicantes y a la Iglesia la
organización de estos eventos y un cierto orden que evitara las heterodoxias y
compitiera con las, aún vigentes, festividades paganas y populares tan
arraigadas en el pueblo. De hecho, no hay constancia de una celebración real y generalizada de ésta hasta unas fechas muy
cercanas a este siglo.
En el año
325, en el Concilio de Nicea, por fin se establecen los puntos básicos para la
festividad que será la Semana Santa:
·La Pascua debía celebrarse un domingo
·Que nunca coincidiera con la Pascua judía para
evitar confusiones
·Y que no se celebrara nunca dos veces el mismo
año, que era un problema derivado del calendario que manejaban aún por entonces
basados en los equinoccios y solsticios.
El problema
del calendario acabará por solucionarse dos siglos después cuando se determine
que el Domingo de Resurrección sea establecido como el primero inmediato a la
primera luna llena tras el equinoccio de marzo.
El origen de
la palabra pascua viene del hebreo pesach, que es una celebración que dura
entre 7 y 8 días que conmemora la libertad del pueblo israelita y su huida de
Egipto. Es muy probable que se establecieran estas fechas en la comunidad
cristiana como una “continuidad” de esta celebración. No olvidemos que el
origen del cristianismo es el pueblo judío y su religión.
En el mundo
pagano, y en aquellas zonas que la figura de Jesús y la cristianización no
había llegado o se había establecido de una manera un tanto precaria, en la que
se celebraba la llegada de la primavera y el buen tiempo, y el decrecimiento de
la oscuridad y los hielos. La vida comenzaba de nuevo a surgir y se preparaba
todo para las primeras siembras que darían la vida a los campos y a sus
habitantes.
Otro
elemento pagano que se conserva aún en muchos lugares no tan de corte católico,
pero sí de origen cristiano, es el famoso huevo de Pascua. El huevo es un
símbolo de fecundidad desde época muy antigua, pues representa, no solo uno de
los alimentos más completos, si no la posibilidad de una nueva vida.
La celebración celta cercana a esta fecha se conoce y relacionada con el equinoccio como Ostara.
Este elemento, el huevo, no ha sido adoptado por las partes más ortodoxas de la cristiandad, aunque ha
sobrevivido en lugares en que ésta es fuerte y está bien arraigada.
Ahora se ha
convertido más en una celebración infantil en la que se pintan los huevos y se
buscan estos elementos elaborados en chocolate, adaptándose quizá a una nueva
imagen en la que toda la comunidad pueda participar.
Ya sean la
Semana Santa católica, la Pascua judía, la Pascua de los huevos y los conejos, Ostara, está claro que esta fecha es especial dentro del inconsciente de la humanidad,
disfrutando del fin del frío y de la esperanza de una época más benigna con la
llegada del equinoccio y la primavera.
Si no acabáis de ver el paralelismo entre esto y la austeridad de la Semana Santa, preguntaos ¿que hay más simbólico en el cambio del invierno a la primavera que la representación de la resurrección tras la muerte?
Con motivo
de la celebración mundial del día de la mujer, y por petición personal, este
post va dedicado a la figura arquetípica de La Madre.
Es muy
probable que fuera, desde mi punto de vista, una de las primeras (si no la
primera) manifestación simbólica del pensamiento humano en su impulso por
entender el mundo que lo rodeaba, y el origen de los primeros cultos
religiosos.
La
naturaleza, el nacimiento, la maternidad, la sensación de protección… todos son
aspectos que se aúnan en esta figura y que representa a la mujer y más a la
figura de la Madre.
Ella es aquella que da la vida, es el centro del clan y sin la
cual la familia y, por lo tanto, la supervivencia del grupo es imposible.
Dice Jung
que Madre es:
Lo
«maternal» por antonomasia, la mágica autoridad de lo femenino; la sabiduría y
la altura espiritual más allá del intelecto; lo bondadoso, protector,
sustentador, lo que da crecimiento, fertilidad y alimento; el lugar de la
transformación mágica, del renacer; el instinto o impulso que ayuda; lo
secreto, escondido, lo tenebroso, el abismo, el mundo de los muertos, lo que
devora, seduce y envenena, lo angustioso e inevitable.
Todo esto se
plasma en una figura que hemos ido observando desde el principio de los tiempos
y que se ha repetido en todas las épocas, en cada una de las culturas y que
actualmente se sigue adorando de formas más o menos velada.
La gran
Diosa, la Pachamama, Potnia, Gaia, Gea... podemos encontrar mil nombres que representan
la misma idea, la imagen de La Diosa Madre.
Centrándonos
ya en los ejemplos, imagino que se os habrán venido varios a la cabeza: Las
venus paleolíticas que representan a la tierra y la fertilidad de la mujer, por
ejemplo, pero hay muchas otras representaciones que hay que relacionar y que
han ido cambiando de forma a lo largo del tiempo y de las culturas.
Una forma muy
típica de encontrar la representación de la Madre en las culturas es como una
mujer entronizada con un bebé en brazos, a sus pies o en su regazo. Puede tener un pecho
fuera para alimentarle o bien para enfatizar su función como alimento para el
mundo y las nuevas generaciones.
Estos
ejemplos los contemplamos en figuras como la Isis egipcia (que de hecho, su traducción del egipcio sería “el trono”), en Gea titánide de la Tierra y madre de los
dioses olímpicos o, en Démeter que cuida los campos y crea las estaciones de
las cosechas, en la diosa nórdica Frigg, en Anann o Danu en la cultura
irlandesa, la Virgen María en el cristianismo, en Durga y Kali en el hinduismo
y el shaktismo.
Quizá os
sorprenda ver que Kali, la diosa que siempre se identifica con muerte, sangre y
destrucción por nosotros los occidentales es una diosa madre dentro del
shaktismo pues, a pesar de ser destructora, lo que elimina es el mal que puede
herir a los suyos.
En el pensamiento hindú no puede haber creación y vida sin
destrucción y muerte y por lo tanto adquieren la misma importancia.
La mejor
manera de calmar a la diosa es o por sacrificios de sangre o si su consorte
Shiva (que cuando se le representa en la iconografía con ella el se encuentra
acostado con ella en posición de haberlo derrotado) le ofrece un bebe que llora
y ella dejará todo para poder calmarlo.
Como ya hemos
explicado, la Madre es una fuente de creación, protección y vida, pero al igual
que la Tierra, puede se mediadora y crear el equilibrio, o bien ser la fuente
de la destrucción como lo son los volcanes o los diluvios.
La vida y la
muerte no pueden separarse y la Madre tiene el poder de dar o quitar ese don
cuando ella lo considere.
En la mitología de todas las religiones siempre ha habido una figura que
ha representado lo más oscuro del pensamiento y del comportamiento humano, ésta es La Sombra.
Ésta
era la personificación de todo aquello que el individuo reprime y se niega a
aceptar que pueda formar parte de su psique, de su más profundo ser interior.
Generalmente se ha tratado a estas imágenes, dentro de los cuentos y las
religiones, como demonios, diablos, seres oscuros que tientan y hacen
insufrible su existencia al humano.
Como es lógico, lo primero que nos acude a la mente al leer esta
descripción es el Diablo cristiano, la antítesis de Dios y de lo que se supone el camino correcto y de un comportamiento de acuerdo con unas normas que
mantiene el equilibrio en la sociedad. Ello representa la destrucción, no sólo
física, si no en este caso, más la anulación de lo profundo del individuo y de
la personalidad.
Azazel, Abadón, Lilith, Samael, Lucifer, Iblis en los musulmanes,
Rakshasa en el hinduismo, el babilónico Pazuzu, el Rahab del Talmud, Seth en
Egipto o Apofis, Astaroth, son solo algunos de los nombres de estas “encarnaciones”
de La Sombra.
Si bien está presente en todas las culturas podemos comprobar cómo
adquiere una importancia muchísimo más notable equiparable con la fuerza
creativa y del bien en las religiones de corte monoteísta, presentando más
variedades de este arquetipo.
Ahora bien, realmente ¿qué es La Sombra dentro del inconsciente
colectivo cuando no es una figura a la que se le puedan inferir una serie de
poderes o carácter sobrenatural?
Jung lo define como la totalidad del inconsciente, ese aspecto de la personalidad que se
caracteriza por los rasgos y las actitudes que el YO no reconoce como propias y
que están enterradas en lo más profundo de la personalidad.
“Uno no se ilumina imaginándose
figuras de luz, si no haciendo consciente la oscuridad”
La Sombra es la parte reprimida, esa personalidad oculta que cada vez
que se piensa en ella nos hace sentir culpables o inferiores. Esas tendencias morales, los instintos, que se desechan
porque van en contra de lo establecido y sobre las que la sociedad nos ha
convencido de que son malas y perjudiciales para el individuo y la convivencia.
Un ejemplo de figura dentro del folkore, fuera de los conceptos
religiosos, que representa este arquetipo es el vampiro. Pensemos, por ejemplo,
en la importancia de esta figura, ya que todas y cada una de las culturas de
este mundo tienen un ser que aúna todas las características de estos seres
mitológicos. (Ya trataremos con más profundidad el tema del "upir" mas adelante)
Quien haya leído la novela original de Stoker o haya visto alguna de
las películas de Drácula que traten de parecerse lo más posible a la fuente
literaria, sabe que la sombra del vampiro tiene carácter propio y que es
incluso más perversa que el monstruo mismo.
A todos nos acude la imagen de la sombra de la mano, casi en forma de
garra, del conde Orlok estrujando un corazón mientras él no tiene que hacer
nada.
Otra representación que puede resultar interesante es la sombra de
Peter Pan. Sabemos que Peter encuentra a la familia Darling persiguiendo a su
sombra que se ha escapado y tiene vida propia. En la novela y los cuentos no es
excesivamente mala, pero es una parte de Pan mucho más salvaje e incivilizada
que tiene que recuperar y “coserse” de
nuevo para ser controlada y convertirse en un todo. Una vuelta de tuerca más de ésta se da,
por ejemplo, en la tercera temporada de la serie fantástica “Once Upon a Time”
en la que La Sombra de Peter Pan adquiere un protagonismo casi divino y de
maldad absoluta.
El último ejemplo de este arquetipo, y que creo resumirá a la
perfección todo lo expuesto anteriormente de una manera más gráfica en su
concepto más psicológico del inconsciente humano, es El Misterioso caso del
Doctor Jeckyll y Mr. Hyde.
Se suele identificar esta novela con una literalización de un caso de
doble personalidad, y si analizamos la figura de Mr. Hyde, un juego de
palabras con el término “hide” que en inglés significa oculto o escondido,
vemos un claro ejemplo de que este personaje no es otro si no La Sombra del
buen doctor. Ese “monstruo” que forma parte de él, sin moral ni consciencia,
sin temor a las consecuencias porque siente estar por encima de ellas.
Más adelante os contaré sobre el hombre real que inspiró a este
personaje de ficción.
Por eso lo más cercano a una Sombra en carne y hueso es un psicópata.
Querría añadir, para concluir, que La Sombra, desde mi opinión, son esos pequeños pensamientos o sueños de los que nos hemos levantado asustados de
nosotros mismos o con los que hemos empezado a agitar nerviosamente la cabeza
de un lado para otro, como para sacarlos de nuestra mente.
No es extraño, no es patológico, no es malo…, simplemente es algo que negamos que exista dentro de nosotros porque nos asusta.
Como dicen los expertos, si te preocupa o turba en alguna ocasión que
pudieras ser un psicópata, es que no lo eres, a ellos no les importa ni dudan.
Si os interesa una película que creo que refleja bastante bien el
conflicto entre el individuo y su sombra, aunque añada algún toque romántico de
un modo más bien gótico, os recomiendo la película Mary Reilly, en la que John
Malkovich hace un Doctor Jeckyll sublime en su lucha por controlar a su propio
Hyde.
En este post seguimos con diferentes mitos en distintas culturas que
explican su visión de la cosmogonía. Con
anterioridad tratamos la cultura mesopotámica, la nórdica y la greco-romana; en
esta ocasión las religiones escogidas son la judeocristiana, la egipcia y la
hindú.
Mitología judeocristiana En este ejemplo vamos a usar de base El
Génesis “oficial”, aunque es muy probable con posterioridad hagamos mención a los
textos apócrifos y otros relatos menos conocidos que fueron descartados con
posterioridad y que no han sido casi difundidos.
Según el libro de El Génesis, al
principio no había nada y en esa nada estaba Dios que decidió que no estaba
bien así. De esta manera, en el primer día creó la tierra y en cielo, pero al
ser algo informe oscuro y vacio, vio la necesidad de crear por medio del poder
de la palabra la luz. Por medio de ello separó la parte luminosa de las tinieblas, llamando a la primera Día y a su
contrario Noche. A continuación, creó la bóveda celeste, el mar y la tierra, y
a ésta la dotó de vegetación para que fuera bella y fértil. Creó al día
siguiente el firmamento para separar las aguas y la tierra de la bóveda y
colocó dos luces distintas mucho más grandes que el resto, una para el día y
otra para la noche que serían el Sol y la Luna. También creó las estrellas y
con ellas iluminó un poco más las tinieblas.
A continuación pobló los mares de
peces, la tierra de otros seres y el cielo con las aves a los cuales luego
insufló de vida para que disfrutaran de su creación. Al final, creó al hombre “a su imagen y
semejanza” al hombre. Toda esta obra, la había realizado Yahvé en seis días y
el séptimo descansó, declarando desde ese momento que el séptimo día de la
semana había de ser sagrado.
Mitología egipcia
En la mitología egipcia se han
encontrado varios mitos que corresponden a su concepción de cómo fue creado el
mundo y la humanidad, por lo que aquí vamos a relatar uno de ellos, el mito
Heliopolitano, aunque podéis encontrar distintas versiones del mismo.
Todo empieza, como en la mitología
mesopotámica, de un abismo con aguas turbulentas que son el origen de la vida,
estas aguas eran el Nun, Padre de los dioses, ancestro de
todo lo que iba a ser a partir de ese momento hasta el fin del mundo.
La doctrina de los sacerdotes de la
ciudad de Heliópolis, o Iwnw en egipcio antiguo, predicaba que en el origen de
los tiempos había un océano primordial llamado Nun. En éste se encontraba
inerte Atum (o Atum-Re), el demiurgo y padre de todo que era un ser que no
pertenecía al Nun y del que se desconoce su origen. De las aguas del Nun surgió
una montaña sagrada a la que Atum se
encaramó y desde allí a base de su saliva y se su semen, escupiendo y masturbándose,
creó la primera de la pareja de dioses: el dios Shu que simboliza el aire y
Tefnut la diosa de la humedad y el ambiente atmosférico.
De estos primeros padres divinos
nacerían Geb, dios de la tierra, y su hermana Nut, divinidad del cielo con su
cuerpo cubierto de estrellas. Juntos
tuvieron cuatro hijos que se convertirían en los grandes dioses del panteón
egipcio: Osiris e Isis y Seth y Neftis. De estos nueve dioses se conforma la
Enéada Heliopolitana. Al final Shu decidió ponerse entre sus dos hijos para que
no volvieran a juntarse ya que si el cielo y la tierra estaban juntos nada
crecería entre ellos.
Mitología hindú
Dentro del mundo del hinduismo encontramos,
como en casi todas las mitologías antiguas, varias versiones de la cosmogonía.
En esta ocasión he decidido reflejar aquí la narración ofrecida en el
Shatapatha Brahmana que data de la primera mitad del primer milenio a.C.
El Shatapatha Brahmana nos dice que en el principio,
Prajapati, el primer creador o padre de todos, estaba solo en el mundo, por lo
que debido a su sentimiento de soledad comenzó a llorar y del fruto de sus
lágrimas fueron surgiendo la tierra, el océano, el aire y el cielo. Decidió
dividirse en dos seres, marido y mujer, al mismo tiempo que creó la noche y el
día, y las estaciones.
Fruto del incesto con la mujer nacerán el resto de
los primeros dioses.
La mujer, debido a la unión con su productor como el
incesto, huyó de él asumiendo diversos disfraces de animales. El marido
persiguió en forma de macho de cada animal, y de esta manera surgieron las
diversas especies de animales que ahora pueblan la tierra.
Los dioses no recibían suficientes sacrificios, por lo que Prajapati decidió darse de comer a sus propios hijos para que los dioses sobrevivieran y que todo lo que había construido no se viera abocado a la destrucción.
Después de esto, cada divinidad da un poco de sí mismo y vuelven a crear al que era su padre, ahora como hijo de todos.
Prajapati pronto fue sustituido por Brahma en los
Puranas.
En los Puranas, Brahma el creador se unió en una
tríada divina con Vishnu y Shiva, que eran el preservador y destructor,
respectivamente. El universo fue creado por Brahma, preservados por Vishnu y
destruidos para la próxima creación por Shiva. Sin embargo, el nacimiento de
Brahma se atribuyó a Vishnu en algunos mitos. Brahma se representa a menudo
como sentado en un loto que surge del ombligo de Vishnu, que descansaba sobre
la serpiente cósmica, Ananta.