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lunes, 23 de junio de 2014

EL ALCÁZAR DE MADRID Y LA MITOLOGÍA (PARTE 2) PODER Y ARTE: LAS HILANDERAS

Unas semanas atrás relacionábamos el poder de la monarquía con los elementos artísticos y la mitología de la que se valían para justificar su sitio y su herencia divina sobre el pueblo llano y otros competidores. Hoy seguimos analizando esta relación, pero desde un cuadro muy específico que todos, o casi todos conocemos y del que seguro que hemos oído hablar en más de una ocasión.
Se ha considerado que Las Hilanderas (La fábula de Aracne) de Velázquez, que es un ejemplo del Barroco español dentro de la pintura, un cuadro en el que se pueden ver los aspectos para los cuales la pintura era utilizada en la Corte. 


A través del paganismo y de los episodios míticos, se resaltaban los valores católicos que la dinastía de los Austrias que reinaba en España en esos momentos defendían, literalmente a capa y espada. 
Conceptos como el bien, la fortaleza, asumir el poder de los dioses, los castigos divinos por la soberbia..., eran temas recurrentes en los encargos que los monarcas hacían a sus artistas. Un tratado pictórico de costumbres y leyes que se introducían de manera sutil, o a veces no tan sutil, en todas aquellas personas que conformaban la Corte o que acudían a ella.
            En esta obra de Velázquez, se nos cuenta la historia de Aracne: una mujer que se dedicaba a hilar y tejer que se enorgullecía tanto de sus obras que se creyó incluso mejor que la poderosa diosa Atenea. Este acto de soberbia, el creerse superior a una divinidad se denomina hybris, y es objeto de un castigo por parte divina en todos los mitos. De hecho, es uno de los peores errores que un mortal podía cometer, pues la ira y la justicia de los dioses era implacable en cuanto al tema de sus propiedades y su orgullo se refieren. Otro ejemplo de hybris será la que condene a la pobre Andrómeda a ser sacrificada a Ceto, el monstruo marino por el orgullo y la lengua demasiado suelta de su madre (pero esa es otra historia).
Atenea retó a Aracne a un duelo en el que ambas deberían tejer un tapiz, y el que fuera considerado el más bello vencería, y la otra debería aceptar su derrota fuera la que fuera.
Ambas empezaron a hilar, y acabaron a la vez, pero Aracne no sólo había retado a la diosa, si no que en su tapiz había representado una de las escenas en las que Zeus raptaba a una de sus amantes, cometiendo una doble falta de hybris. Atenea se sintió doblemente ofendida, y venció la competición de tapices, por lo que condenó a Aracne a ser transmutada en una araña para que así se pasara la eternidad tejiendo ya que tanto presumía de ello.
Observando el cuadro del maestro, vemos en primer plano a dos mujeres acompañadas de otras tejiendo en sus respectivas ruecas. Una de ellas parece una anciana, pero muestra una pierna joven, lo que hace reconocerla como la diosa disfrazada. La mujer de la derecha se la ve centrada en su trabajo, pero con la cabeza baja en gesto de disculpa sabiendo que haber ofendido un poder divino va a llevarla a su derrota. En el plano más alejado esta pintado el juicio en el que los dos tapices están expuestos. En él ya vemos a la diosa con toda su panoplia y en actitud de majestad, en contraposición a la muchacha mortal que va a ser transformada.
Esta relación entre el enfrentamiento al poder divino y su posterior némesis (justicia divina) esta muy entroncado con los pensamientos cristianos, en los cuales todas las ofensas a Dios son castigadas con dureza y sin posibilidad de retorno, y las buenas acciones tienen recompensa.

Los cuadros y sus temas mitológicos paganos, eran bien escogidos por las altas esferas  de las Cortes europeas para dar ejemplos a los gobernantes y a todo aquel que entrara en contacto con ellos. De esta manera reflejaban sus valores y su manera de entender el poder y como ejercerlo a modo de advertencia para los cortesanos y, mucho más importante, para los mandatarios de otros reinos que pudieran visitarlos.
La gran mayoría de las pinturas de El Real Alcázar de Madrid contenían estos temas que en su fondo podemos comprobar en la mayoría de las obras pictóricas, incluso en una Corte tan católica demostrando con una temática no cristiana mucho más universal si cabe sus valores y su sistema de creencias. 
Pues no olvidemos que antes de ser cristiana toda Europa, o casi toda, había vivido en la cultura romana y conocían bien esos mitos como elementos aleccionadores, a veces más efectivos y universales que martirios y santos.

lunes, 2 de junio de 2014

EL ALCÁZAR DE MADRID Y LA MITOLOGÍA (PARTE 1)

Este post va a adentrar al lector en un mundo que ha sido poco estudiado dentro de la Historia Moderna: el uso de las pinturas de corte mitológico como fuente para entender las monarquías modernas.
Uno de los objetivos fundamentales es demostrar como se servían los monarcas de estos siglos de leyendas y mitos de la antigüedad, para enraizarse a un pasado glorioso. De esta misma manera dar a conocer como se valían de estas historias clásicas para sacar el sentido moral y enseñar conductas adecuadas para todos los habitantes de la Corte en la cual ejercían su poder.
Desde tiempo inmemorial la gran mayoría de las culturas y naciones más importantes, se han hecho retrotraer a los orígenes de otras culturas poderosas como fueron Grecia o Roma. Al alargar los brazos de una genealogía hacia un pasado como el romano, el Imperio de Maximiliano de Austria y sus descendientes, que es el caso que nos ocupa aquí, están buscando una manera de reforzar su poder en el recuerdo y justificarlo. 
El Real Alcázar de Madrid era el lugar en el que residía el rey, además de la sede principal de la Corte española durante el reinado de los Austrias y el primer Borbón  (Carlos I a Felipe V). Estaba dividido en varias salas o salones, cumpliendo cada uno de ellos actividades determinadas que marcaban el funcionamiento de la Corte en sus distintos ámbitos.
Algunas de estas estancias eran por ejemplo: El Salón de los Espejos, La Cámara del Rey, El Salón Dorado, la Sala Octogonal, etc...
El Salón de los espejos y la Sala Principal eran las estancias en las cuales se encontraban un mayor número de cuadros de tema pagano, seguidos por el Salón Octogonal, el pasillo que conducía enfrente del Consejo de Hacienda y la habitación que caía sobre la Botica y los pasillos sobre la casa de Tesoro. Es curioso que una corte tan católica como ésta que nos ocupa tuvieran tantas obras dedicadas a las antiguas religiones y mitos del pasado.
Se han obtenido setenta cuadros con referencias mitológicas entre los que se encuentran una variedad temática bastante completa dentro de la tradición clásica.
Se dividen en cinco temas principales, atendiendo al contenido de los cuadros: temas de tipo divino general, referentes a mitología romana, del ciclo troyano, de Hércules y otros de temática mas variada que supone casi toda la mitología transmitida por los clásicos en esta época.
El mayor número de cuadros pertenecen al ciclo temático de Hércules y los podíamos encontrar entre el Salón Octogonal y el Salón Principal, dos de las salas más importantes del palacio, por las cuales solían circular los embajadores o personas de cortes extranjeras.
De esta manera se confirma que la dinastía de los Austrias tenía un especial interés en demostrar ante gentes venidas de fuera y ante ellos mismos, que de alguna manera estaban relacionados con este pasado heroico.
La historia de Hércules es una de las más extendidas dentro de la cultura occidental, y más particularmente en España. Esto es debido a que algunos de sus episodios más conocidos suceden en la península: La separación de las columnas, El jardín de las Hespérides, la ejecución de Caco y la del monstruo Gerión. Muchas veces se ha identificado a este héroe con el hebreo Sansón debido a su fuerza y a su implicación para que el mundo fuera un lugar más habitable, así como el simbolismo de su muerte por traición.
Además es el símbolo de un perfecto guerrero que siempre cumple su cometido con éxito, con valor y fuerza, las características que se suponía un gobernante debía poseer.
La Casa de Borgoña se relacionaba directamente como descendientes del dios griego, idea que pasará al emperador Carlos por parte de su madre, María de Borgoña.
La relación entre Carlos V y Hércules se puede ver claro en la introducción en la bandera de España las columnas con la inscripción del Plus Ultra, como la valentía de ir más allá del mar conocido. Sin embargo, la inscripción que se le atribuye a Hércules que grabó en éstas era precisamente Non Plus Ultra. Ello lleva al monarca español un paso más allá, debido a lo reciente que estaba el descubrimiento del Nuevo Mundo, convirtiéndolo así en un héroe que ha ido fuera del mundo conocido.